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CÍRCULO BEVIONE EL ARTE DE MEDITAR
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Si cierro los ojos y hago silencio, mi corazón comprende lo que mi mente no entiende

Jul 17, 2026
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Vivimos creyendo que siempre tenemos que decir algo. Explicar, opinar, responder. Como si las palabras pudieran aliviar todo aquello que la vida, de pronto, rompe. Pero hay momentos en los que las palabras ya no alcanzan y es allí donde el silencio comienza a hablar. No el silencio de la ausencia. Como he dicho otras veces, el silencio de la presencia.

Ese silencio que no resuelve, pero sostiene, acompaña aun cuando ninguna respuesta nos hace sentido. No evita el dolor, pero nos impide perdernos dentro de él.

Muchas veces no valoramos el silencio porque creemos que no es productivo. Nos parece que no estamos haciendo nada. Sin embargo, hay procesos que sólo ocurren allí. El consuelo encuentra espacio en ese silencio. El corazón recupera dirección. La confusión comienza a ordenarse. Ocurre que, aun cuando seguimos sin respuestas, dejamos de sentirnos completamente solos.

A veces basta con estar, escuchar o abrazar. Con no ocupar el dolor del otro con nuestras explicaciones.

El silencio, cuando nace del amor y de la conciencia, deja de ser un vacío. Se convierte en compañía.

Por aquí sigo,

Julio

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En Palabras de Julio

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