Cuidemos si lo que estamos dando es lo que estaremos dispuestos a recibir

Lo que damos suele volver, no siempre de la misma persona ni de la manera que imaginamos, pero sí en la calidad de los vínculos que vamos construyendo.
Cada vez que tratamos a alguien con respeto, indiferencia, generosidad, dureza o cuidado, estamos creando una forma de relación. De alguna manera, también estamos enseñando cómo queremos habitar el mundo con los demás.
Por eso quizá valga la pena preguntarnos, antes de algunas palabras, decisiones o gestos: ¿estaría dispuesto a recibir esto mismo que estoy dando?
No como una amenaza ni como una ley mágica. Simplemente porque aquello que ofrecemos tiene consecuencias. Lo que decimos puede abrir una conversación o cerrarla. O una manera de mirar al otro puede hacer que se sienta reconocido o disminuido. ¿Dónde estamos nosotros?
Y lo más importante es que siempre podemos corregir. Podemos detener una reacción, cambiar una palabra, pedir disculpas, volver a elegir.
La conciencia aparece justamente allí: en ese pequeño espacio donde dejamos de repetir automáticamente lo que sentimos y decidimos qué queremos poner en circulación.
Quizá no podamos elegir todo lo que recibimos de la vida. Pero sí podemos cuidar mucho mejor aquello que sale de nosotros hacia ella.
Siempre estamos a tiempo de ofrecer una versión más consciente de lo que después también quisiéramos encontrar.
En eso andamos.
Los espero en el Círculo.
Julio