La espiritualidad es el camino donde recordamos que lo que nos une, nunca podría separarnos

La espiritualidad debería acercarnos a lo que compartimos, no darnos nuevas razones para separarnos.
Podemos elegir una religión, una práctica, una filosofía, una forma de rezar o de entender la vida. Todo eso puede ayudarnos. El problema empieza cuando ese camino nos hace sentir superiores, más conscientes, más despiertos o más cerca de la verdad que los demás.
Entonces quizá ya no estamos hablando de espíritu. Estamos hablando de identidad.
El ego también puede aprender el lenguaje espiritual. Puede volverse muy sofisticado. Puede hablar de conciencia, energía, evolución o verdad y, aun así, seguir haciendo lo de siempre: dividir, comparar, juzgar, excluir.
Por eso una pregunta importante sería:
¿Este camino me está haciendo más libre para amar o me está dando nuevas razones para alejarme?
No tenemos que estar de acuerdo con todos. Tampoco permanecer cerca de personas que nos dañan. Pero hay una diferencia entre poner un límite y sentir que el otro vale menos porque piensa distinto.
La espiritualidad, si realmente toca algo profundo, debería ampliar nuestra capacidad de reconocer humanidad incluso donde hay diferencia.
Quizá esa sea una buena medida.
No cuánto sabemos. No cuántas prácticas hacemos. Ni cuánto creemos haber comprendido. Sino si, después de recorrer nuestro camino, vemos menos enemigos y más seres humanos.
Si lo que llamamos espiritualidad termina separándonos cada vez más, convendría preguntarnos quién está realmente a cargo de ese mensaje.
Nos vemos en el Círculo, para estar más cerca.
Un abrazo,
Julio