Toda violencia revela un conflicto interior que todavía no ha sido comprendido

Vivimos tiempos violentos. No hablo de guerras, sino de los constantes enfrentamientos que nos rodean: un insulto, un grito, una agresión, un pensamiento no dicho pero que se siente por su peso…
Solemos pensar la violencia como algo que ocurre entre las personas. Pero toda violencia comienza mucho antes de manifestarse hacia afuera. Comienza cuando hay un conflicto dentro de nosotros que no sabemos mirar.
Nadie necesita imponerse cuando está en paz. Tampoco necesita humillar para sentirse completo o destruir aquello que no amenaza su propia identidad.
La violencia siempre intenta resolver por la fuerza aquello que la conciencia todavía no ha comprendido. Y eso ocurre en nuestra vida cotidiana.
Hay violencia cuando queremos que alguien cambie para dejar de sentir lo que sentimos. Cuando imponemos nuestras ideas sin escuchar. Cuando respondemos desde la reacción y no desde la comprensión. Incluso cuando nos tratamos con dureza, nos exigimos más de lo que podemos dar o vivimos en una crítica permanente hacia nosotros mismos.
La violencia no siempre hace ruido. A veces habla en silencio.
La pregunta no debería ser únicamente por qué alguien fue violento, sino una más profunda: ¿Qué estaba intentando proteger?
Porque detrás de toda violencia suele haber miedo. Miedo a perder, a no ser suficiente, a quedarse solo, a dejar de controlar o a descubrir una fragilidad que nunca aprendimos a abrazar.
Comprender esto no significa justificar el daño. Hay actos que necesitan límites, justicia y responsabilidad. La comprensión nunca reemplaza esas decisiones. Pero condenar sin comprender sólo cambia el lugar donde aparece la violencia. No su origen.
Creo que la paz no comienza cuando desaparece el conflicto. La experimentamos cuando dejamos de escapar de él y nos atrevemos a descubrir qué parte de nosotros sigue viviendo en guerra.
Una persona en paz no necesita vencer a nadie.
Estoy seguro que la transformación más profunda nunca ocurre cuando logramos controlar al otro, sino cuando dejamos de vivir reaccionando desde lo que todavía no hemos comprendido en nosotros mismos.
¡Aquí hay tema…! Te espero en el Círculo para seguirlo conversando.
Julio