Detenernos para darnos tiempo y espacio para nosotros

Cuando menciono que es valioso darnos tiempo, algunos me responden convencidos de que detenernos es perder el tiempo. Estamos en un momento donde valoramos tanto el movimiento constante, la productividad, las respuestas rápidas, que, sin darnos cuenta, terminamos ocupándonos de todo, menos de nosotros mismos.
Corremos de una tarea a otra, de una preocupación a la siguiente, de un objetivo al que viene después. Pero hay una pregunta que rara vez nos hacemos: ¿en qué momento me encuentro conmigo?
Porque una cosa es seguir viviendo y otra muy distinta es estar realmente presente en la propia vida.
Debo aclarar que no pienso que darnos tiempo implica abandonar las responsabilidades ni escapar del mundo, sino hacer un espacio para volver a escucharnos antes de que el ruido de afuera termine hablando por nosotros.
Hay decisiones que no necesitan más información. Necesitan más silencio. Y hay conflictos que no se resuelven pensando sin descanso, sino dejando que la mente descanse para que aparezca una comprensión diferente… Y hay un cansancio que no proviene de todo lo que hacemos, sino del tiempo que llevamos sin habitarnos, sin estar con nosotros. ¿Se reconocen allí?
Quizá por eso detenerse sea un acto profundamente amoroso. Es decirnos: también yo merezco mi atención. No sólo cuando todo esté resuelto, ni cuando sobre tiempo. Ahora.
Hoy, ahora.
Detenerse es el acto de tenerse. De sostenerse por un momento sin exigencias. De volver a casa antes de seguir andando. De descansar, quizás solamente de permitirnos descansar.
Y posiblemente allí descubramos que el descanso más profundo no consiste solamente en hacer menos, sino en hacerlo sin prisa y sin tener que convertir ese momento en algo útil.
Es simple. Solo nos queda vivirlo.
Los espero para seguir ordenándonos en nuestro Círculo.
Un abrazo,
Julio